lunes, 31 de mayo de 2010

Un centenar de muertos deja Agatha en Guatemala, El Salvador y Honduras


La Jornada
Lunes 31 de mayo de 2010, p. 34

Guatemala, 30 de mayo. Un centenar de muertos dejó la tormenta tropical Agatha a su paso por Centroamérica, 82 de ellos en Guatemala, país que sufrió los peores efectos de las fuertes lluvias por desbordes de ríos, inundaciones y cierres de carreteras, mientras el resto de las víctimas fatales son de El Salvador y Honduras. Los damnificados en la región suman decenas de miles.
“La tragedia es bastante grande y humanamente es muy dolorosa”, dijo el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, en referencia a los desastres provocados por Agtatha, que el sábado tocó tierra y esta mañana se degradó a depresión tropical tras dejar a su paso daños a la infraestructura y apagones.
La estatal Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) reportó la muerte de 82 personas, de ellas unas 50 en el departamento de Chimaltenango, mientras Colom habló de más de 74 mil personas desalojadas, 24 desaparecidas y miles de viviendas dañadas por los deslaves e inundaciones, que dejaron varias regiones incomunicadas en el oeste del país, donde se encuentran los departamentos más afectados.
El mandatario dijo que se mantendrá el estado de calamidad pública, pues existen decenas de municipios y aldeas incomunicados por los derrumbes que obstruyen las carreteras.
En El Salvador, el presidente Mauricio Funes, que decretó alerta roja para el país y la suspensión temporal del curso lectivo, dio un saldo de nueve muertos, dos desaparecidos y más de 8 mil damnificados. “Queremos poner toda la maquinaria del Estado para salvar vidas”, dijo tras calificar de crítica la situación.
En Honduras, donde murieron cuatro personas y nueve están desparecidas, el gobierno decretó estado de emergencia y anunció la creación de un gabinete de manejo de crisis. “El peligro de estas lluvias es que el suelo ya está saturado de agua”, señaló un experto del Servicio Metereológico Nacional.
El desborde de ríos causó el derrumbe de puentes, uno en el paso fronterizo con El Salvador. Los aeropuertos de Guatemala y Honduras seguirán cerrados.

lunes, 24 de mayo de 2010

La tortuosa vida de “El Chicote”

Francisco Macías
La Prensa

Su nombre era Luis Armando Velázquez de León y Soto la Marina, pero en el cine era conocido como “El Chicote”. Hacía reír al público por su cómica personalidad, haciendo de Patiño, de figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante, los Hermanos Soler, etcétera. El pueblo lo identificaba como un hombre de carácter muy tranquilo, sin embargo, en la vida real era muy distinto.
Se afirma que las constantes humillaciones sufridas por los ayudantes de personajes de cine, teatro y televisión, siempre conllevan una alta dosis de rencor oculto.
Y se dice que no hace muchos años, un chalán de payaso no soportó más, armándose no sólo de valor, sino de un arma, con la que mató a su jefe por pasarse de listo. No era el dolor físico el que lastimaba al ayudante, era la pena de soportar burlas, empellones, humillaciones para arrancar la risa de los espectadores.

Se cree que tarde o temprano los pastelazos, piruetas forzadas, saltos obligados, danzas ridículas, pueden llegar a cansar en cualquier momento a los pacientes Patiños.
Por ejemplo: Luis Armando Velázquez de León y Soto la Marina (mejor conocido como “El Chicote”) -quien figuró en muchas películas como un chaparrito bonachón, crédulo, sencillote- en la vida real era agresivo, golpeador, aficionado al alcohol y enamoradizo como Pedro Infante.
Posiblemente en sus residencias familiares se controlaba por respeto a su esposa e hijos, pero en otros sitios era temible para con sus novias y amigas. Una de ellas no soportó más las palizas y lo denunció en la sexta delegación, donde dijo que era bailarina y por desgracia se enamoró de “El Chicote”, quien al principio del romance se comportó caballerosamente, hasta que se fastidió y comenzó a lastimarla, en vano intentó ponerla a trabajar para él.
La vedette enfatizó que lo que se veía en el cine era totalmente opuesto a la realidad, en el caso de “El Chicote”.
No se sabe qué fin tuvo aquella denuncia de lesiones y amenazas, probablemente fue enviada al archivo por la influencia que tenían los amigos de Luis Armando, quien habría nacido el 1 de septiembre de 1910, según datos actualizados de la ANDA, donde por cierto tienen como fecha de su deceso el 20 de abril de 1983, cuando sucedió el 20 de marzo de 1983.
¿Qué le faltaba en la existencia al chaparrito bonachón, crédulo, sencillote y leal? De hecho, nada. Lo tenía casi todo: buena situación económica, autos, residencias, hermosas familias. Entonces... ¿por qué se refugiaba en el alcohol, generalmente en su tiempo libre? ¿Por qué agredía a sus novias? Tal vez porque no podía desquitarse de sus jefes, como Jorge Negrete, quien -como no queriendo- lo humillaba hasta con el tono de voz.
La justificación era que así lo exige el libreto, mano... Prueba de los problemas que tuvo por las viejas, el aguardiente y sus resentimientos ocultos, fue un accidente de tránsito que por poco deja ciego a Luis Armando.
Por cierto, fue en la época en que se publicó lo siguiente: El estreno de No Basta ser Charro constituyó un éxito de risa. La película que tanto se hizo esperar fue un taquillazo de Lilia Michel, Jorge Negrete y “El Chicote” (sábado 13 de abril de 1946).
Otro día se indicó que el popular artista “El Chicote”, que acababa de tener un clamoroso éxito con su actuación cómica en dicha cinta, salió ya del sanatorio, donde estaba encamado y ya mejorado de las heridas que recibió cuando su carro chocó contra un poste.
Quiere decir que “El Chicote”, podrá -muy pronto- disponerse a trabajar en la película El Tigre de Jalisco, en la que él llevaría el papel estelar.
Culminó en tragedia una parranda de “El Chicote”, publicaron los diarios. La nota original señala que el popular artista de cine y teatro, Luis Armando Velázquez de León y Soto la Marina, estaba a punto de perder la vista, a consecuencia de las graves lesiones que sufrió en la cabeza y la cara al chocar contra un poste de luz el automóvil que tripulaba.
En el accidente también recibieron dolorosas lesiones el secretario del artista, Miguel Armas Islas y las señoras María Guadalupe Martínez Peña, María Elena Torres Valle y Eva Sánchez Pérez, quienes fueron atendidas oportunamente por el servicio de la Cruz Roja.
El actor cómico sufrió un choque nervioso al golpearse la cabeza contra el parabrisas del automóvil que manejaba, un Mercury, placas B69-94, y por varias horas perdió la vista. Los médicos que lo atendieron aseguraron que pronto estaría bien si la lesión sufrida en el cráneo no se complicaba.
El artista salió del Teatro Follies a la 1:00 de la madrugada y en seguida subió al citado automóvil, en el que le hicieron compaña su flamante secretario y las señoras de referencia.
Después corrieron la parranda por diferentes lugares hasta las 10:00 de la mañana, hora en que todos decidieron retirarse a sus domicilios a descansar, para lo cual el artista se comprometió a llevarlos. A la hora indicada el vehículo corría por la Avenida Baja California, pero al llegar a la esquina con Monterrey se le cerró un auto (clásica disculpa de los manejadores imprudentes) e hizo que Luis Armando torciera la dirección en forma violenta y se estrellara contra el automóvil A55-06 que estaba estacionado.
Como el Mercury iba encarrerado, siguió por esa arteria, pero de nueva cuenta se le cerró el otro automóvil y otro viraje, por lo que finalmente se estrelló contra un poste de luz en la Calle Tepic, donde todos resultaron con graves lesiones.
Con la urgencia del caso, acudieron paramédicos de la Cruz Roja, a bordo de la ambulancia 4, al mando de Roberto Briones, jefe de personal, quien trasladó a las víctimas al hospital de las calles de Monterrey, donde se les atendió.
Durante la mañana del 3 de abril de 1946 desfilaron por la Cruz Roja numerosos artistas, a fin de enterarse del estado de salud de “El Chicote”.
Las señoras que acompañaban a Luis Armando Velázquez de León y su secretario se negaron a ser fotografiadas y se autorizó su salida del nosocomio, pues sus heridas resultaron no ser tan graves como se decía.

Su muerte
El domingo 20 de marzo de 1983 falleció Luis Armando Velázquez de León y Soto la Marina (antes se había ido para siempre su hija Isabel), sin cumplir su deseo de despedirse de su público en la Plaza México.

Tuvo cuatro matrimonios (y numerosos romances), el primero con Luz María Reyes; segundo, con la artista Enedina Ibarra; tercero, con Aurora Medina y el último con María de la Salud, con quien procreó ocho hijos.
Durante 22 años vivió con ellos en Ciudad Netzahualcóyotl y prácticamente les dejó un museo con fotografías, vestuario, premios, sombreros, cintas y otras pertenencias que guardaba con cariño el actor.
Se escribió que “El Chicote” “bebió mucho alcohol, era de los que cerraba la cantina y pagaba todo”. Y a fines de la década de los 70, se declaró en huelga de hambre a las afueras de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), en protesta porque los productores de cine se habían olvidado de él durante 10 años.
“El Chicote” “quería echarse una toreadita, pues todavía sabía menear el capote” para despedirse de su público en la Plaza México. Aconsejaba a los productores que reaccionaran y volvieran a hacer películas blancas como en las que trabajó en su época.
Se afirmó que un paro cardiaco le quitó la vida a las 8:30 horas. Tuvo un deceso tranquilo, sin sufrimientos. Como fecha de nacimiento se dio el 1 de septiembre de 1910 y debutó como artista el 27 de diciembre de 1927 en la Carpa Mariposa, donde se le ocurrió hacerla de “pataño” de un cómico. Mucho antes, había recibido una cornada como novillero y se retiró. Se decía que con su traje campirano podía competir en calidad con los cómicos Manuel Medel y “El Chaflán”, entre otros.
En sus muchas películas, la que lo dejó satisfecho por su actuación, fue “Ay, Jalisco, no te Rajes”. En algunas cintas la hizo de mago, mayordomo, pero prefería las de charros; hizo mancuerna con Fernando Soto “Mantequilla” y trabajaron al lado de Jorge Negrete, Luis Aguilar, Pedro Infante, los Soler y un sinfín de figuras.
Recibió muchos diplomas, trofeos y premios como las medallas de 25 y 50 años que otorga la ANDA. Asimismo, homenajes por sus 50 años de actor en Estados Unidos, Centro y Sudamérica.
El actor sufrió un grave accidente después de correrse una parranda el 3 de abril de 1946. Por poco pierde la vista en ese percance, al golpearse el cráneo contra el parabrisas de su automóvil. Sin embargo, vivió 37 años más…

lunes, 17 de mayo de 2010

Intentan extorsionar presuntos “Zeas” a jardín

Presuntos integrantes de la organización delictiva “Los Zetas”, intentaron fallidamente extorsionar a un jardín de niños ubicado en la colonia El Rosario, solicitando la cantidad de 50 mil pesos, o de lo contrario, empezarían a desaparecer maestras y alumnos.

Fue el pasado viernes 14 de mayo, que al kínder “Samuel León Brindis”, que se ubica en la avenida Rosa del Poniente, le llegó una llamada telefónica pidiendo una fuerte suma de dinero a cambio de que el kínder se mantuviera con tranquilidad.
A decir de la fuente, una de las maestras fue la que recibió la llamada. Dijo que el hombre que habló, dijo que ser líder del grupo delictivo Los Zetas, y que quería que le depositaran el dinero o comenzaba a secuestrar a los alumnos.
Ella le dijo que no tenían esa cantidad de dinero, porque no manejaban efectivo, además de que se trata de una escuela pública. El presunto “zeta” respondió que sabía que era mentira lo que decía, y para amedrentarla, le mencionó nombre de varios maestros.
Ante el nerviosismo ella decidió por colgar el teléfono. Después pidió que llegaran las corporaciones policiacas.
Dos patrullas arribaron al lugar y buscaron por la zona a los supuestos delincuentes, pero no encontraron nada, por lo que supusieron que todo se trató de un intento de extorsión telefónica.
Por último, la maestra dijo que varios maestros han recibido las mismas llamadas, e inclusive una madre de familia la recibió también, por lo que de inmediato levantó el acta administrativa 1887/CAJ4-1/2010, contra quien resulte responsable.

jueves, 13 de mayo de 2010

Los últimos mensajes de Eneyda en Facebook

Jesús Toledo

Edgardo Tomas Hernandez González -Como siempre ene te vez muy bonita. te deseo lo mejor del mundo te mando muchos besos y abrazos y que este 10 de mayo te lo pases super. Felicidades mamasita jejeje besos tqm-.
Ene Gutiérrez Alvarado - Hola Tom, espero estes bien.... grax x felicitarme ya que MADRE no cualquiera jajajajja, cuidate muxo y sabes que siempre te deseo lo mejor-.
David Gustavo Gutierrez Alvarado -ola ene k onda un beso a fer jajaja de su tio preferido dille k la kiero muxo dile k no soy kodo ehhh jajaaja-.
Esta fue la última conversación que tuvo Eneyda Guadalupe Gutiérrez Alvarado, en la conocida social “Facebook”.

Hoy, los mensajes son distintos.
Erendira Palafox -Que diosito te tenga en su gloria nena hermosa, todos los que te conocimos sabemos que eras una gran mujer, noble y tierna. , y lo mejor una gran mama.kdios t bendiga-.
Carolina Chau -Teclearemos hasta que se nos permita tu face para ver tu linda sonrisa..Epe te quiero...que Dios te bendiga amiga...Eres una angel hermoso!!!!-.

Eneyda, era una mujer que alcanzaba apenas los 1.60 metros de altura. Tez blanca, delgada y de ojos claros.
Se había inscrito a esta conocida red hacía un par de semanas, y hasta antes de morir, tenía 39 amigos. Entre los últimos que agregó están Magdis Cruz Reyes, Osc Gutz, Diana Villar Castillo, German Lucky'o, Obeht Moreno, Lizzett Ozuna Zepeda, Horacio Lopez Jimenez, Fer Ledesma D, y Elda Luciio.
Su último trabajo fue en el programa de gobierno “Chiapas Solidario”, donde también laboraba su actual pareja, Noé Saenz Vázquez. También trabajó en el área de Comunicación Social, en la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), hace unos años.
Nació en Pueblo Nuevo Solistahuacán. Era madre de un niño de apenas un año, que había procreado con Noé, e iba a celebrar este día de las madres. Pero la historia cambió.

¿Robo?
Como lo informó El Heraldo de Chiapas en su edición anterior, el pasado sábado 8 de mayo, uno de los familiares de su actual pareja, reportó que dentro de la casa número 655, ubicada en la Calle Santa María y Avenida 16 de Septiembre, se había cometido un robo.
Pero lo que aparentemente se trató de un robo, y que terminó con la vida de la joven, en la colonia Bienestar Social, no se trató de un simple asesinato sino de un posible crimen pasional, informó una fuente.
Ella fue localizada boca abajo en un tinaco ubicado arriba de la azotea del segundo piso de la casa que rentaba.
Vestía únicamente su ropa interior y tenía huellas claras de haber sido golpeada momentos antes de que la asfixiaran y la “desaparecieran”.
Por este hecho, quedaron en calidad de presentados, el que fuera pareja sentimental de la occisa, Noé Sáenz Vázquez, y la prima de este, Magdalena Fabiola Maza.
La fuente informó que aunque la pareja se había separado por un tiempo, habían regresado hace unos meses y todo “marchaba sobre ruedas”.

Un día antes
Veinticuatro horas antes de que encontraran el cadáver de Eneyda Guadalupe, ella y su pareja, habían salido con sus amigos a la zona de antros de Tuxtla Gutiérrez.
Al parecer visitaron lugares como “La Crudalia” y el “Chamo Beer”, donde ingirieron bebidas embriagantes hasta altas horas de la madruga del sábado.
Presuntamente la pareja regresó a la casa de ella, aunque Noé tiene su casa en la colonia San Cayetano, y ahí pasaron juntos la noche.
Durante la declaración de Noé Sáenz a la policía, dijo que él se había retirado de la casa a trabajar al programa Chiapas Solidario, donde también trabajaba Eneyda, y que la había dejado planchando ropa.
Supuestamente no supo nada de ella, hasta que habló con su prima Magdalena Fabiola, quien le dijo que su esposa no aparecía y que la casa esta “tirada”. Así que llamaron al número de emergencias, y estos, solicitaron apoyo a la policía.
Una patrulla de la Policía Estatal Preventiva (PEP), que se encontraba a tres cuadras, llegó de inmediato, y de manera extraña, cuando estos procedieron a revisar el lugar, “casualidad o una obra del destino”, se dirigió –como si ella supuera–, hasta el tinaco donde estaba el cuerpo de Eneyda.
Esto le pareció sospechoso a la policía, así que las autoridades de periciales procedieron a levantar el cuerpo. Mientras era bajado a la planta baja, la pareja nunca quiso ver el cuerpo.
Además, Noé presentaba heridas en varias partes del cuerpo, entre ellas en las manos, que no pudo explicar a la policía como lo hizo.

lunes, 19 de abril de 2010

Las Poquianchis



Francisco Macías
LA PRENSA

En esta ocasión le platicaré, amigo lector, acerca de una historia que impactó a la sociedad a principios de los años 60. Se trata de uno de los casos más fuertes en materia de explotación de mujeres, en aquella época, debido a la crueldad con que se cometían crímenes contra jovencitas. Seguramente ha oído usted hablar de “Las Poquianchis”, apodo que se le dio a cuatro hermanas, dueñas de burdeles y protagonistas de las más aberrantes páginas del crimen en México.
Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa González Valenzuela levantaron un imperio mediante el tráfico de mujeres, algunas casi niñas, a las que prostituían en sus tugurios. Gracias a que una de ellas, con muchísima suerte, logró escapar de las garras de sus captores y denunció la vida de horror a que era sometida, las autoridades descubrieron una escena inmisericorde en la que quedó de manifiesto el infernal trato de estas mujeres, así como corrupción y venta de menores, secuestro, torturas, homicidios, sepelios clandestinos, desaparición de recién nacidos, sobornos, etcétera.
El caso de “Las Poquianchis” puso en el mapa mundial de aquellos años a los pueblos San Francisco del Rincón, Guanajuato y El Salto, Jalisco, donde nacieron las cuatro hermanas, quienes asociadas en el bajo mundo del lenocinio, recorrieron ciudades, pueblos y hasta rancherías para ofrecer, incluso a modo de caravana sexual, su “fresca mercancía” a campesinos, soldados, policías, y a quien solicitara sus servicios. María de Jesús era la encargada de subir a varias de las prostitutas en camiones de redilas y las enviaba a los lugares donde eran requeridas. Cualquier cuartucho o el campo mismo eran propicios para “atender a los necesitados”.
Isidro Torres y doña Bernardina Valenzuela se conocieron cuando él comenzaba a olvidar su oficio de arriero (repartía maíz, piloncillo y carbón de madera en Jalisco y Guanajuato). La se–ora parecía orgullosa de su compañero, entonces flamante elemento de La Acordada, antigua corporación policiaca que en la época de Porfirio Díaz atrapaba a asaltantes de caminos. Se sometía a los delincuentes a juicio sumario y eran fusilados o ahorcados en el lugar de la aprehensión. Don Isidro cometió abusos al amparo de su cargo, mató a tiros a un hombre inocente con el que tenía viejas rencillas. Empezó la huida con su familia, ocultándose bajo el nombre de Andrés González y regresando a su antiguo trabajo en el campo. Ese apellido lo heredaron sus hijas Delfina, María de Jesús, Carmen y María Luisa, quienes desde peque–as se las ingeniaron para burlar la severidad paterna y sostener efímeros romances que las encaminaron hacia su perdición.
Delfina fue la más ambiciosa, desde muy joven se dio cuenta que podía hacer dinero fácil. Dejando a un lado sus escrúpulos de mujer honesta, abandonó la casa paterna y en 1938, con la herencia que le dejaron sus padres al morir, estableció una cantina con meseritas cariñosas, que se ofrecían a los parroquianos junto con las copas, en El Salto, Jalisco.
Pronto se mudó a Lagos de Moreno, en el mismo Estado, a modo de expandir su negocio e instaló un tipo de motel con sucios y malolientes cuartuchos para los amantes furtivos que buscaban un momento de privacidad y cama. El local dio el éxito esperado y Delfina, astuta y de mente siniestra, condenó a sus jóvenes empleadas al encierro forzoso.
Comenzó así una vida de esclavitud y maltratos para las jóvenes, algunas de ellas casi niñas. Delfina vendía todo lo que necesitaban las prostitutas, desde ropa, calzado, maquillaje y comida. El burdel fue bautizado entonces como “Guadalajara de Noche” y hasta pagaba impuestos a Hacienda. Carmen, otra de las hermanas llevaba la contabilidad del lugar, ya que “era muy buena con los números”.
Delfina tenía un hijo, Ramón Torres González, “El Tepo”, quien supervisaba a las jóvenes prostitutas que llegaban al negocio, algunas atraídas con engaños para trabajar como meseras y otras secuestradas de los pueblos. “El Tepo” también controlaba la seguridad en el burdel, cuidando que los clientes no armaran trifulcas que llamaran la atención de las autoridades. Con los recursos obtenidos Ramón comenzó a contrabandear automóviles americanos.
El local se había convertido ya en un garito de lenocinio y abusos. Los rumores de cómo operaba el burdel incomodó a mucha gente y las autoridades acudieron a clausurarlo. Delfina no estaría dispuesta a perder lo obtenido. Le aterraba la sola idea de volver a la pobreza. Su hijo tomó un fusil y enfrentó a los agentes. “El Tepo” fue acribillado ante la mirada de su madre, quien despuÉs buscó venganza y mandó matar a los asesinos de su hijo.
Regresaron a Guanajuato con el dinero ahorrado. Para entonces las otras hermanas ya se habían sumado al negocio para crecer la “empresa familiar”. En ese Estado la prostitución no estaba prohibida y María de Jesús halló un local en León, el cual bautizó como “La Barca de Oro”, pero los lugareños optaron por llamarlo “El Burdel de Las Poquianchis”. El apodo se debe a que el dueño de la cantina que regenteaba María de Jesús era un homosexual conocido como “El Poquianchis”. Delfina, por su parte, abrió un burdel en San Francisco del Rincón, al que llamó “Guadalajara de Noche”, igual que el tugurio defendido con la sangre de su hijo.
Todo era miel sobre hojuelas para “Las Poquianchis”. Los lugareños habían hecho de esos antros de vicio los más famosos de la región. La codicia y ambición de “Las Poquianchis” no tenía límites y las autoridades disfrutaban de las ganancias a través de los generosos sobornos.
Entonces el gobernador Juan José Torres Landa prohibió la explotación de mujeres y en 1962 las autoridades municipales de León decidieron cerrar todos los burdeles y cantinas de la ciudad. Al ver “Las Poquianchis” su negocio clausurado atendieron únicamente el “Guadalajara de Noche”. Con una serie de trucos continuaron su clandestina actividad. Tenían enganchadoras de jovencitas en varios lugares de la región. Con el manejo de un solo burdel las utilidades declinaron y decidieron quedarse con veinte mujeres, las más jovencitas y atractivas.
Por su parte, María Luisa González Valenzuela, la menor de las hermanas, se fue a Matamoros, Tamaulipas, donde abrió su propio burdel y Delfina “La Poquianchis mayor” les propuso comprar un rancho llamado Loma del Ángel para continuar con el negocio. Ahí llevarían a las que ya no servían “porque estaban viejas” (las que pasaban de los 20 años de edad), donde quedaron prácticamente secuestradas.

El horror

A mediados de enero de 1964 fue el principio del fin. Ernestina Mancilla no soportó el encierro ni la ausencia de atención médica especializada “había contraído una dolorosa enfermedad”, y fue encerrada. La dejaron morir de hambre. El 9 de enero “Las Poquianchis” ordenaron que fuera sepultada en el rincón más apartado de la finca. Otra mujer enfermó de peritonitis al comer cacahuates después de varios días de ayuno y fue llevada hasta el segundo piso, “para que tomara baños de Sol”, asegurándole que de esa forma sanaría. La infortunada jovencita extrañamente cayó de la azotea y murió. Les dieron clandestina sepultura, aumentando así las muertes y el terror para las esclavas sobrevivientes.
Fue cuando Catalina Ortega se las arregló para escapar y llegó hasta donde su madre, Virginia Martínez de Ortega, quien pidió la intervención de la policía. Uniformados y judiciales, que por suerte no estaban en la nómina de las lenonas, arribaron primero al burdel “Guadalajara de Noche”, en San Francisco del Rincón, y en seguida al rancho Loma del Ángel. Ahí rescataron a 12 mujeres sucias y desnutridas. Periodistas y policías no daban crédito a lo que sus ojos miraban. Una estela de horror se levantaba ante ellos.
Las mujeres hablaron del sufrimiento que enfrentaron. Las historias eran increíbles, pero allí estaban agonizantes las pruebas vivientes de la maldad de las lenonas. Las niñas María Mejía y Trinidad Hernández, de 14 y 15 años de edad, relataron cómo las secuestraron en Guadalajara y La Piedad y cómo las violaron los sirvientes de “Las Poquianchis”. Narraron que las golpeaban y dejaban desnudas las capataces Ester Muñoz, Guadalupe Moreno y Adela Mancilla.
Sorprendió el caso de Adela: había sido enganchada con engaños en Guadalajara y trabajó como prostituta durante varios años. Se hizo comadre de María de Jesús y terminó como su ayudante incondicional a tal grado de que hasta ayudó a enganchar a su hermana Ernestina Mancilla, a la que mataron y sepultaron en el rancho.
Las otras capataces también se hicieron prostitutas. Guadalupe era golpeadora y usaba un palo con un clavo en la punta. La comida se reducía a unos cuantos frijoles y tortillas duras...
¿Por qué no pidieron ayuda? ¿Por qué no escaparon? Eran las preguntas hechas a las jovencitas liberadas. “Tenían comprada a la policía. Nadie se quería meter con ellas y los castigos por desobedecer eran terribles”, era la respuesta. Arrodilladas en gruesa arena, con los brazos extendidos en cruz y un ladrillo en cada mano, era uno de los castigos más leves. Las garrotizas era cosa de todos los días.
Mujer que ya no servía a “Las Poquianchis” era aniquilada con frialdad, pero antes era sometida a un sinfín de horrores. Algunas eran enterradas aún con vida. Pero la mayor tortura para muchas de las mujeres encerradas era que les quitaran a sus hijos recién nacidos. Muchos fetos fueron hallados enterrados en los patios de los tugurios. Hasta en las piezas donde vivían sus víctimas, las malvadas hermanas mandaban construir fosas comunes para enterrarlas. Cuando las hermanas advertían que alguna de las mujeres estaba embarazada, de inmediato les daban a tomar un té y les golpeaban el abdomen hasta hacerlas abortar.
Ana María Mejía Jiménez sólo tenía 13 años de edad, era otra de las víctimas que casi desfallece al narrar el horror que vivió. En una ocasión se negó a complacer a un cliente que estaba muy borracho. La celadora Adela le puso una golpiza con un palo que casi la mata. La muchachita lloraba incontroladamente. En unos meses su vida pueblerina, al lado de su madre y sus hermanitos se había transformado en una verdadera pesadilla, que comenzó con la brutal violación de Salvador Estrada y Francisco Camarena, empleados de “Las Poquianchis”. Las lenonas también hacían misas negras donde sus jóvenes prostitutas eran violadas una y otra vez.
Las lenonas vendían a cabaretes del Bajío a las jovencitas secuestradas y según los requerimientos y “la percha” de las muchachas era el costo; desde 600 hasta mil pesos por las más bonitas, de mejor cuerpo o vírgenes.
Los empleados y choferes de las lenonas, Salvador Estrada (recibía a las jovencitas y las violaba antes de ser entregadas en los burdeles), Enrique Rodríguez, Francisco Camarena y José Facio Santos, confesaron que por órdenes de las “señoras”, torturaron, sepultaron clandestinamente y trasladaron por lo menos unos veinte cadáveres. Y dijeron que el excapitán de la policía Hermenegildo Zúñiga era “el hombre fuerte” de las hermanas y servía para toda clase de “misiones”. Hacía las veces de guardián y protector de las arpías.
El 14 de enero de 1964 se destapó la cloaca de “Las Poquianchis”. La ley les cayó en su burdel, dadas las constantes quejas de los pobladores de San Francisco del Rincón. Con la información obtenida, la policía encontró cuando menos diez cuerpos sepultados. El comandante Miguel Ángel Mota Ayala (quien tiempo después murió ejecutado) y el MP Gerardo García, de San Francisco del Rincón, calcularon que “Las Poquianchis” eran culpables, por lo menos de 30 muertes, 20 inhumaciones clandestinas y del secuestro de 100 mujeres.
Delfina, siempre fue la más audaz, hasta simuló un intento de suicidio para llamar la atención y tratar de obtener privilegios en la prisión y la compasión de los jueces. El juicio, en las primeras semanas, tanto en San Francisco del Rincón, como en León, fue un espectáculo en el que las acusadas fueron insultadas y hasta hubo intentos de linchamiento. La presencia y el estado de las víctimas despertaba sentimientos de violencia contra las autoras de tal atrocidad. El pueblo enardecido quería matar a las arpías, que negaban sus culpas.
Delfina y María de Jesús fueron sentenciadas a 40 años de prisión y sus sirvientes a penas menores diversas. Después apareció Luz Ramos Aréchiga, quien se presentó voluntariamente cuando supo que las autoridades ofrecieron repartir entre las víctimas las propiedades de las lenonas. Ella había sido plagiada por “Las Poquianchis”, pero cuando se aclaró que terminó como colaboradora de ellas, la castigaron con 26 años de cárcel. Las hermanas fueron recluidas en una cárcel de Irapuato, donde en una remodelación del penal, Delfina recibió un golpazo en el cráneo al caer accidentalmente un bote de hojalata con 30 kilos de mezcla. Su agonía duró 15 días, víctima de fuertes dolores, y confesó a un sacerdote que “sólo dos personas habían muerto en la granja, pero ninguna por asesinato”. Murió llorando.
María de Jesús pasó muchos años en la prisión y se dice que, lejos en el tiempo y del drama de 1964, salió libre ya muy vieja y se perdió en el anonimato. Nadie supo más de ella... Carmen, la contadora, murió de cáncer antes que se desatara el escándalo. Y María Luisa, quien afirmaba no tener nada que ver con los negocios de sus hermanas, se presentó en LA PRENSA para pedir justicia. La enviaron a prisión a Guanajuato y allí enloqueció por sus temores a ser linchada. El escándalo tuvo secuelas. A Josefina Gutiérrez García, condenada a siete años de prisión por lenocinio en Jalisco, le elevaron la pena a 30 años “porque mandaba mujeres a las hermanas González Valenzuela”.
LA PRENSA dio amplia cobertura de este hecho y las principales páginas de los diarios daban cuenta del espantoso caso que conmocionaba a la sociedad mexicana de la época. Pero hace tres décadas la población no era la misma de ahora, en la que decenas de “Poquianchis” han aparecido en el escenario social. Este caso inspiró a cineastas como Felipe Cazals, quien realizó “Las Poquianchis”, o a escritores, como Norma Lazo (Sin Clemencia), Carlos Manuel Cruz Meza (Blog Escrito con Sangre) y Ricardo Ham (México y sus asesinos seriales), entre otros, a narrar a su estilo esta cruda historia.
También Jorge Ibargüengoitia escribió “Las Muertas”, en 1977 y dijo que en el caso hubo muchos embustes. Seguramente que se dijeron muchas mentiras en San Francisco del Rincón, pero ¿Cómo negar a tantas mujeres famélicas, víctimas de esclavitud extrema, así como los restos a flor de tierra de mujeres y niños que no tuvieron oportunidad de serlo? La única verdad es que muchas jovencitas, algunas niñas, vieron rotas sus ilusiones quinceañeras y escolares. Cierto fue también que muchas fueron secuestradas a las puertas de su escuela para ser llevadas al infierno de “Las Poquianchis”, bajo la corruptela y complicidad de las autoridades. Y ni qué decir de la angustia sufrida por muchas madres que no vieron regresar a sus hijas plagiadas. Así, a más de 40 años de distancia, queda el triste recuerdo y testimonio de las víctimas, registrado en nuestros archivos policíacos como uno de los casos más espeluznantes de la historia del crimen en México.

domingo, 18 de abril de 2010

¡Le aplastaron la vida!



Jesús Toledo

El descuido de una madre y la inocencia de una niña, terminaron en una desgracia que pintó de rojo a toda una colonia en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez. Todo ocurrió cuando la pequeña de escasos tres años de edad fue aplastada por un colectivo de la Ruta 67 cuando pretendía recoger unas frituras que se le cayeron.

La gente de la colonia San José Terán se arremolinó sobre la 5ª Sur y 2ª Oriente, donde había ocurrido el hecho a eso de las 3:30 de la tarde de este domingo.
Presuntamente la infante Brisa Concepción Gómez Gómez había salido de su casa a unos metros de donde ocurrieron los hechos. Madre e hija se dirigieron a la tienda a comprar la fritura para la menor, pero cuando cruzaban la calle, a la niña se le cayó la bolsa y cuando se detuvo para recogerla la atropelló el colectivo 6704, con placas de circulación 384074-B, que era conducido por Manuel de Jesús Martínez Hernández.
A decir de los testigos, la madre en ningún momento agarró a su hija para cruzar la calle, lo que causó que la niña apareciera frente al colectivero que no tuvo tiempo de frenar.
El peritaje arrojó que después de que el vehículo la atropelló y la tiró al suelo, le pasó encima y la arrastró pocos metros, causando exposición de masa encefálica y varias fracturas en ambos brazos y piernas. La niña murió casi al instante.
Familiares y vecinos arribaron al lugar para observar lo que había ocurrido, y el hecho causó la molestia de varios de ellos.
El colectivero como pudo se dio a la fuga, ya que la gente quería lincharlo, pese a que él no tuvo la culpa. De manera extraoficial se supo que el conductor fue detenido por la Policía de Tránsito y puesto a disposición de las autoridades correspondientes.



NI LAS MANITAS METIERON

A los pocos minutos que ocurrió la desgracia, donde murió la infante Brisa Concepción, arribó el dueño de la concesión de la unidad, Raquel Gordillo Alcázar, pero éste llegó a agredir física y verbalmente a la madre de la occisa, alegando que cada quien iba a pagar los daños y que no se iba a responsabilizar del accidente. Esto causó la primera de varias peleas.
Los vecinos, molestos por lo que había ocurrido y por la actuación del concesionario, empezaron a golpearlo sin que la Policía Municipal y Estatal Preventiva (PEP) metieran las manos.
Los agentes se hicieron de la “vista gorda” y dejaron que los yernos de Raquel Gordillo lo sacaron a rastras del lugar y lo resguardaran dentro de un vehículo marca Chevrolet Chevy, con placas de circulación DRB-2337, del estado de Chiapas.
La trifulca duró varias horas y ni la PEP y menos la Policía Municipal resguardaron la seguridad de los medios de comunicación y de un perito de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), a quienes les quitaron su equipo de trabajo.
Tampoco defendieron al operador de la grúa, Gerardo Zea, quien fue golpeado por los familiares de la occisa al querer retirar la unidad para proceder con los lineamientos que marca la ley. Simplemente se hicieron de la “vista gorda”.
Algunos elementos de la PEP resguardaron el área para que elementos del Servicio Médico Forense (Semefo) sacaran a la occisa debajo del vehículo y la trasladaran a sus instalaciones.
La autoridad no tuvo el valor de resguardar el trabajo del operador de la grúa y hasta varias horas después permaneció en manos de los molestos colonos, quienes pretendían incendiar la unidad.

"Bello durmiente"



Jesús Toledo

Envuelto entre cobijas y una bolsa de plástico que le cubría el cuerpo del estrujante frio de la noche, fue localizado sin vida un pobre indigente, atrás de City Club.
El macabro hallazgo lo reportó el jefe de seguridad de la tienda Roberto de la Cruz Pérez, quien vio tirado al vagabundo hasta muy tarde, sin que presentara signos de estar vivo.
De la Cruz Pérez informó de inmediato a las autoridades, que acudieron hasta el bulevar Antonio Pariente Algarín, entre circuito Polyfórum y bulevar Ángel Albino Corzo, para verificar si esto era cierto.
Las autoridades dieron fe de los hechos y solicitaron la presencia del servicio de periciales para que ordenaran el traslado del cuerpo al Servicio Médico Forense (Semefo).
Hasta el momento se desconoce la identidad del infortunado indigente, así que permanecerá en el Semefo en espera de que sea reclamado por sus familiares.